Elías, el genio bueno

Ayer murió Elías Hernández Albaladejo, doctor en Historia del Arte, Profesor Titular de Universidad con una larga carrera docente e investigadora desde que acabó su carrera. Fue profesor en la Universidad de Murcia y se trasladó a la Universidad Politécnica de Cartagena cuando se creó la Escuela de Arquitectura y Edificación. De este modo cumplía un doble anhelo: el de volver a su ciudad y el de dar clase en la titulación de Arquitectura. Hasta aquí lo conocido, lo constatable. Pero esa trayectoria profesional estaba desarrollada por Elías, porque Elías es para nosotros, pues no tenemos otro nombre bíblico en la Escuela y tampoco teníamos alguien tan especial como él. Durante siete años ha ocupado con su personalidad de hombre bueno, culto y amante del habla todo el espacio simbólico de nuestra Escuela. Docente expansivo en su capacidad de ilustrar a sus alumnos, director de departamento amante del pacto y el encuentro, compañero siempre dispuesto, como buen conversador a compartir su privilegiada información sobre todos los aspectos de la vida académica, social y política de Cartagena que conocía profundamente. Su ánimo personal nos engañó pues pensamos que tenía la tópica mala salud de hierro. Todavía el pasado jueves exhibía su habilidad para subir y bajar la escalinata de nuestra Escuela, mientras pensábamos “tenemos Elías para rato”. Pero el hierro se ha fundido. Amante de la Arquitectura, supongo que el edificio del Colegio Mayor Azarbe, del que fue director, lo echará de menos. También estamos convencidos de que el Imafronte de la Catedral de Murcia, que el describió en un libro para la historia, habrá desprendido una trozo de piedra del Cuello de la Tinaja en su homenaje. Pero el edificio que va a echarlo triste y profundamente de menos es nuestra Escuela, sus pasillos, que él recorría con enorme paciencia y buena vista para saludarnos a los lejos y nosotros, sus compañeros, sus amigos, sus alumnos. Hace una semana, en la puerta de la Escuela hemos plantado unos esquejes de acantos. El acanto es la planta icónica de la Arquitectura. Es una planta resistente, pero el viernes pudimos comprobar que se había agostado. Un enigma que ha durado hasta el sábado que supimos que estaba en coma, en silencio, su postura menos natural, pues nació para comunicar. Si el acanto lo notó, estaremos atento a su reverdecer. Querrá decir que Elías habrá encontrado nuevos amigos allá donde esté. Sus alumnos, sus compañeros, sus amigos esperamos que nos recuerde. Nosotros no lo olvidaremos. Aunque no podremos dejar de echar miradas furtivas por los pasillos esperando encontrar, al genio bueno de nuestra Escuela que fue.

 

Antonio Garrido Hernández
Director
Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación

 

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